Respecto de quien soy
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Trabajo final etapa 3 modulo 3
De Viviana Raquel Mendoza
Me presento soy Viviana
testigo circunstancial en primera instancia y testigo voluntaria en segunda
instancias de la historia que les voy a narrar a partir de ahora mismo.
La historia de Héctor,
un trabajador que quiso ser y no dejaron, una
dramática vivencia que toco mi sensibilidad y de seguro las suyas propias.
Pero antes de sumirlos de lleno a la historia que deseo
compartirles, conozcamos un poquito más a nuestro protagonista.
Biografía de “Héctor
“un hombre de vocación incierta.
Desde temprana edad, próximo a los 16 años a
principio de los 80, comenzó a trabajar,
como se acostumbraba por entonces.
Su vida laboral comienza, cuando consiguió un trabajo
de cadete en una farmacia (Farmacia
Irigoyen) por la necesidad de tener su propio dinero, pues como todo
adolescente, quería comprarse ropa y tener soltura para salir con sus amigos.
En consecuencia dejo sus estudios cursando el cuarto año (hecho del que se arrepentiría toda su vida).
También trabajo en un
taller de baterías (en donde comprobó
lo horrible de un trabajo insalubre y mal rentado).
Vendedor de libros
(gastando suelas de zapatos por dos pesos
al día, allí pudo comprobar lo que es transpirar la camiseta).
Y además, todo tipo de trabajo que suelen
hacer los jóvenes.
A los 18 años le toco
la colimba y se enamoro de esa carrera pero no pudo continuar no sé
por qué razón (éste hecho le producirá
congoja durante todo el transcurso de su edad adulta).
Hasta que a los 20 años tuvo la suerte de entrar a
trabajar en la empresa provincial de la energía (EPE) gracias a su padre que trabajaba en la misma.
Aquí si comienza el camino que nos
conducirá a hacia un final feliz o tan solo más correcto y deseado.
Héctor estaba de
novio y al poco tiempo se caso y alquilo una casa para estar con su esposa.
Luego, alquilo en otros lugares de aquí Santa Fe , lo trasladaron a Santa Rosa de Calchines , también a San Jerónimo Sur llevándose a su familia, incluso estuvo en Sauce Viejo, pero nunca lo conformaba ningún lugar.
Luego, alquilo en otros lugares de aquí Santa Fe , lo trasladaron a Santa Rosa de Calchines , también a San Jerónimo Sur llevándose a su familia, incluso estuvo en Sauce Viejo, pero nunca lo conformaba ningún lugar.
Él nunca pudo ser feliz con lo que lograba.
Compraba y vendía sus casas sin poder terminarlas a gusto,
así también con sus autos.
Incluso por menor valor de lo que las adquiría, casi como si
deseará su propio fracaso.
Él siempre se ha quejado porque sus jefes son o más jóvenes o menos
capaces, sin embargo jamás tomó consciencia de que debía terminar los estudios,
ya que nunca lo ascenderían sin ellos
logrados,
anulando toda posibilidad de lograr su puesto tan deseado el de ser jefe.
anulando toda posibilidad de lograr su puesto tan deseado el de ser jefe.
En todo este tiempo tuvo dos hijos varones, ellos ya son mayores de edad, su mujer
solidariamente lo acompaño en todo lo que él quiso, pero obsesionado por su mal
pasar no la pudo valorar a tiempo y luego de tantos años de matrimonio
sobrevino el divorcio.
Yo creo que Héctor nunca encontró su vocación, que nunca
vio todo lo que su mujer lo acompaño ni el sufrimiento de sus hijos.
Hoy se encuentra en
una situación ni deseada ni esperada, sigue trabajando en el mismo lugar y hace
poco abrió un puesto de choripan con su actual pareja (creyendo que con ello compensará todo lo perdido casi por arte de
magia).
A mi parecer, él tendría
que haber terminado la secundaria y comprado una casa para arreglarla a su
manera, disfrutado de sus hijos y agradecerle a su mujer por acompañarlo y
estar a su lado compartiendo con ella su proyecto de vida, pero como nunca lo
“hizo”.
Hoy se encuentra con una pareja casual con hijos, que no son
sus hijos, con una familia que no es su
familia, sobre la cual no tiene control y debe financiar.
Este hombre nunca se sentó a pensar que realmente quería de su vida, o “sí lo
hizo” no se arriesgo.
Tampoco comprendió los procesos que llevan a uno en general
a lograr estabilidad crecimiento y éxito.
Es como si soñará o esperará que la vida le obsequié su destino soñado,
en vez de construirlo a su manera y tiempos, de acuerdo a las posibilidades
ciertas que le concede la vida, de acuerdo a sus propios meritos y esfuerzos.
Héctor peco
de orgullo, de ansiedad, perdido en sus caprichos y egoísmos, cegado en
ambiciones no consecuentes con sus esfuerzos y meritos.
Héctor posee
enorme caudal de energías, él es una buena persona, una persona común como
todos nosotros, un ser humano más del montón.
La vida posee sus tiempos y ciclos, sus reglas y
procesos, sus trampas, sus laberintos, sus dilemas, y sobre todo sus pruebas,
de las cuales ninguno podemos escapar sin aprobarlas correctamente.
Es difícil que trabajo
y vocación converjan siempre a unísono deseo, sino todos viviríamos la
panacea de la felicidad.
Sin embargo es nuestro sentir y deseo logarlo,
entonces solo nos queda intentar lograr el equilibrio
dinámico e inestable entre estas dos
fuerzas e ideales la más de las veces opuestos e incongruentes.
Sin embargo…
…todo esto no podía ser tan simple y directo debía haber un
trasfondo que me permitiera indagar más sobre los sufrimientos de este ser, de
los padecimientos familiares y frustraciones personales.
Así que empecé a investigar más, a buscar testigos más antiguos y cercanos, utilice todas las
fuentes a mi alcance incluso convertí a Héctor
en su propio testigo sin él saberlo
Obvio que trabaja en
blanco y muy bien remunerado, sin embargo, no le respetan ni respetaban sus
descansos, ya que siempre es y fue el más capacitado, así que sus jefes lo
llaman continuamente para que le resuelva los problemas que se presentan y los
demás trabajadores no están en condiciones de hacerlo.
Antes trabajaba en la calle pero ahora está en los
controles, como solución al abuso de sus jefes él pensó en pedir traslados, los
cuales fue logrando, pero en cada nueva área era lo mismo, al ser el más
servicial, disponible y capacitado, era y es el más buscado por sus jefes,
dándole más responsabilidad de la necesaria para una sola persona.
Él se siente y sintió frustrado porque es muy capaz, pero
por no haber terminado el secundario no lo pudieron ni pueden ascender a jefe ,
su capacitación le ha servido para trabajar más y los otros sin tener sus
conocimientos cobran igual o más que él sin hacer mucho, eso lo frustra y
frustro mucho a Héctor.
Es decir en la empresa no existe un sistema de premios y
castigos acordes para mantener el correcto orden funcional y de
responsabilidad.
Mientras él trabaja y trabaja dejando muchas veces su
familia de lado, lo demás faltan, llegan en estado de embriaguez, o acompañados
hasta de chicas de la noche a la oficina, o simplemente no saben qué hacer.
Ahora si siento que estoy en contacto con la verdad, he visto de cerca su frustración su disconformidad hasta comprendo porque se ha enfermado
emocionalmente, psicológicamente e incluso físicamente a consecuencia de ello.
Puedo entender como fue
con el tiempo desarrollando un sentimiento de impotencia e
injusticia, que lo fue consumiendo internamente, hoy parece un hombre abatido
desgastado, carente de perspectivas.
Seguramente victima de sus propios errores, a veces de los
errores de otros, tal vez sea su destino o capricho divino.
Pero no puedo menos que solidarizarme con él porque he visto
su enorme capacidad de trabajo, que no ha sido correspondida por su contra
parte la empresa.
Me está pasando algo
extraño ya no me siento testigo, ya empiezo a creerme parte de la historia como
si tuviera un deber o una necesidad de hacer algo con todo esto, ya no me sirve
solo contar su historia, debo tener el poder y la capacidad de convertir todo
esto en algo útil y con un sentido profundo, debo reciclar a Héctor y salvar su
vida.
¿Pero cómo hacerlo, por dónde empezar?
Como sociedad nos quejamos de los malos desempeños de los
empleados públicos y funcionarios, y que sin embargo, cuando encontramos uno
que cumple con su vocación, o solo la obligación de bien hacer, lo descuidamos,
sin importarnos que pase con aquella persona y nuestra desaprehensión respecto
de ella y su verdadero bienestar.
Es decir lo enfermamos, lo frustramos creando en una especie
de profecía autocumplida de mal trabajador, pero somos nosotros esta verdadera
máquina malvada que transforma buenas personas en desperdicios sociales, en
híbridos alienados.
Debo cortar de raíz éste proceso maligno y erróneo.
Debo hacerlo sin que nadie se dé cuenta, debe ser un proceso
natural.
Eureka, lo hare sin espadas ni batallas, lo hare en la
armonía de los susurros, en ordenes imbrincadas, de la sugerencia dócil y los
gestos dulces de la amabilidad.
Retomare cada acción noble, cada momento de riesgo, cada
carga de responsabilidad que asumió este trabajador por los nosotros.
Las batallas que dio desde una trinchera cambiando cables subterráneos.
Los riesgos que tomo en medio de las noches de invierno
subido a un poste mientras las gélidas ráfagas de lluvia intensa golpeaban su
rostro mientras arreglaba cables caídos por la vorágine desenfrenada de las
tormentas, entre rayos y centellas.
O tal vez por las responsabilidades asumidas, cuando en sus
manos en sus tableros debía decidir que parte de la ciudad debía quedarse sin
luz o no, si debía y no bajar aquel interruptor que dejaría a tantas familias
inconformes.
Aquel al fin de cuentas no es un hombre, aquel a fin de
cuentas es un súper hombre, tan solo que él ni nosotros lo sabemos.
Quizás deba decírselo, pero si no acierto, como saber las
consecuencias de dar tal información.
Entre te y te y una metralla de bombones de chocolates
decidí asumir la responsabilidad, le diré quién es él en verdad, debe saberlo.
Aquí estamos al borde de la laguna, él yo y el horizonte
sobre el agua, se lo digo sin más, un silencio, miradas cómplices, un brillo en
sus ojos, una verdad que fluye, una intuición confirmada, una paz en el alma,
alguien más sabia su secreto intuido.
A partir de ahora Héctor solo sería la denominación de aquel
ser que ya no sufriría su trabajo, porque ya no trabajaría sino que prestaría
un servicio vital a la sociedad.
Ese sería por siempre nuestro secreto.
Y Uds., mientras disfrutan de la comodidad de sus casas
climatizadas, iluminadas, sus tv 50 pulgadas, y todo tipo de artefactos
tecnológicos, sepan quién está detrás de garantizar tal vital suministro
indispensable a nuestras vidas.
Y cuando vallan por las calles y lo vean vestido en azules
ropas como el cielo de tormenta, adornado en amarillo solar en poderosas líneas
como rayos en el cielo.
Sabrán que es él y sino no es él seguro será uno de su
especie, solo saluden sin preguntar.
Fin!
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